viernes, 8 de mayo de 2015

CAMAS DE FAQUIRES por Eva Antón Bravo




He aquí un aperitivo de lo que se puede encontrar en mi recién aparecido libro: Camas de faquires.
Una poesía conceptual, sintética, escrita desde una esquina recóndita entre el hígado y el corazón.

Los poemas de este libro, pinchan, como lo hacen las púas de la cama del faquir.

Cada púa constituye un reto, una preocupación, una crítica o un deseo. Sobre todas ellas se tiende el faquir, cada noche; algunas le hacen daño, otras le hacen pensar, algunas sonreír y en su conjunto:  
todas ellas le curten.




Si queréis pincharos con los poemas de mi libro, podéis adquirir un ejemplar de 
Camas de faquires en:

-Librería Boletania, Boltaña.
-Ateneo Jaqués.
-La pequeña Titi, Castejón de Sos.
-Taberna El Gallinero, Zaragoza (La Magdalena).  


 También podéis asomaros al blog de Juan José Parcero Aznar y leer la reseña de Camas de faquires:





APERITIVO

Rocío su cuerpo con nata líquida.

Enciendo el horno.


 


MUTANDI


He dejado a J.

He cortado las uñas al gato.
He afeitado al cactus.

Al fin, caricias sin dolor.





CAMA ELÁSTICA


¿Por qué, siendo mi cama horizontal, tengo sueños

v
e
r
t
i
c
a
l
e
s?



Eva Anton Bravo, Camas de faquires, Albacete, Uno editorial, 2015.

(Si deseas adquirir mis poemario, vía correo postal, mándame un correo electrónico a: esaquesisoyyo@gmail.com, con tu petición, y lo recibirás, en cuanto sea posible 😊).

domingo, 1 de marzo de 2015

AVE FÉNIX: EL VAGÓN DE LAS MUJERES de ANITA NAIR


Resurjo de mis cenizas, en primer lugar, para desearos a todos los que me estáis poniendo falta desde hace tiempo un agradable 2015.
Espero que la cantidad de nieve que ha caído estos días sea proporcional a la cantidad de bienes que va a traernos este recién estrenado año.

Por mi parte, muchas lecturas, viajes y películas cargo en mi mochila desde la última vez que los compartí con vosotros, como muestra, sirva: El vagón de las mujeres de Anita Nair, un libro que fue el prólogo de mi viaje a la India del Sur, el verano pasado, y que muestra con sensibilidad y delicadeza la condición de la mujer en el subcontinente.


Me gustan los libros que invitan a viajar (sin ser de viajes) y que muestran culturas diferentes a la occidental, en este caso, El vagón de las mujeres cumple con creces ambas exigencias. Anita Nair nos muestra la India desde una perspectiva femenina de la mano de su protagonista Akhila y de otras mujeres que van coincidiendo con ella en su mismo vagón.


El título de la novela hace referencia al vagón diferenciado que exite para las mujeres en los trenes de la India. Esta segregación está pensada para evitar el acoso hacia las mujeres por parte de los hombres en los trenes nocturnos.

                                         Fuente: El País.

Destacar de la trama, el ansia de libertad de la protagonista y el esmero de las descripciones de recetas y de la gastronomía del país.

La autora, Anita Nair es un escritora india que escribe en lengua inglesa, es licenciada en Lengua y Literatura inglesa y reside, actualmente, en Kerala. Entre sus novelas traducidas al español se encuentran:  El sátiro del metro, Un hombre mejorEl vagón de las mujeres, Lecciones de olvido y El corazón es un lugar feroz.


Anita Nair, El vagón de las mujeres, Madrid, Alfaguara, 2002.

Saber más: Vagones de mujeres en IndiaAnita Nair

viernes, 13 de junio de 2014

PATTI SMITH: Éramos unos niños.


Este libro, escrito por Patti Smith como promesa a su compañero de viaje, Robert Mapplethorpe, es una oda a la constancia, al arte y a la persona del célebre fotógrafo ("al que para lograr conquistarlo había que amar su obra" —como aconsejaba la propia Patti— "aunque pocos le hacían caso").

Éramos unos niños relata una vida compartida, palpitante, dura, apasionada, con éxitos y fracasos, con ingenuidad..., narrada con un prolijo amor por los detalles: los dibujos, las cintas, las calaveras, los collares, las mariposas, los bollos, los cafés... 






Esta biografía es una pinacoteca detallada de la vida de dos artistas empeñados en serlo, un relato pormenorizado de todo su periplo personal para conseguirlo.


Patti ofrece una narración cuidada y elegante con un ritmo de canción de rock, salpicada con fotografías y dibujos de ambos artistas que son como talismanes para el lector.

Hay emoción y desánimo, amor y promiscuidad pero, sobre todo, comprensión,  lealtad y empatía entre dos personas que se sentían diferentes: “Patti, nadie ve como nosotros”.

Éramos unos niños es, asimismo, una reflexión sobre el arte, la poesía, la música y la función que ejercen estas disciplinas en la sociedad:
“En mis momentos bajos, me preguntaba cuál era la finalidad de crear arte. ¿Para quién? ¿Estábamos encarnando a Dios? ¿Dialogando con nosotros mismos? ¿Y cuál era el objetivo final? ¿Tener nuestra obra enjaulada en los grandes zoológicos del arte, el MoMA, el Museo de Arte Metropolitano de Nueva York, el Louvre?
Yo aspiraba a ser honesta, pero no me sentía así. ¿Por qué dedicarme al arte? 
(…) Robert tenía poca paciencia con aquellos ataques introspectivos míos. Él jamás parecía cuestionarse sus impulsos artísticos y, con su ejemplo, comprendí que lo que importa es la obra: la serie de palabras impelidas por Dios que se concreta en un poema, la trama de color y grafito garabateada en la lámina que expande su divino movimiento. Lograr en la obra un equilibrio perfecto entre fe y ejecución. De este estado mental emana una luz, preñada de vida”.
   




El escenario de este libro de memorias es la agitada ciudad de Nueva York de los años setenta, con su galería de personajes: Lou Reed, Andy Warhol, Janis Joplin, Jimy Hendrix... y sus lofts y hoteles destartalados y bohemios.

Todo el libro es un homenaje sincero y una carta de amor exquisita de Patti Smith hacia su marinero:
“La otra tarde, cuando te quedaste dormido en mi hombro, también yo me dormí. Pero antes de hacerlo pensé, mientras miraba todas tus cosas y creaciones, y repasaba tus años de trabajo, que de todas tus obras, tú continúas siendo la más bella. La obra más bella de todas.”

                                                                                                            PATTI


Patti Smith, Éramos unos niños. (Just kids). Barcelona, Lumen, 2010.


martes, 27 de mayo de 2014

LAS NIEVES DEL KILIMANJARO

Tras varias semanas de estar agazapada tras la mata, observando a distancia los movimientos y reacciones de mi escrito anterior, resurjo de mis cenizas con una crítica cinemátográfica. 

Pagué la multa, sin mayor pena ni gloria, recibí elogios y críticas y, una vez pasada la tormeta, vuelvo al ruedo para compartir con vosotros lo que he visto en la pantalla, recientemente.

He aquí, una recomendación sobre un clásico cinematográfico con ecos africanos: Las nieves del Kilimanjaro. 




—Harry, ¿has ido de cacería ultimamente?

—No. ¿Por qué lo preguntas?

—Lástima, el hombre no debe perder la habilidad de cazar...

—He visto las siete maravillas del mundo, o tal vez hay más de siete..., no son nada asombroso...

—Entonces no has visto nada.

—He destruído mi talento por no utilizarlo, traicionándome a mí mismo y a las cosas en que creía...


—...Acércate, quiero darte algo, es un acertijo, no lo leas hasta que yo haya muerto; yo desconozco la solución pero si logras encontrarla te salvará.

Kilimanjaro es un monte cubierto de nieve, tiene 6010 metros de altura, se considera como la montaña más alta de África, cerca de la parte oeste se ve el esqueleto reseco y congelado de un leopardo.
Nadie ha podido explicar qué es lo que buscaba un leopardo en esas alturas.


El protagonista de esta película (un atractivo Gregory Peck) se debate entre la vida y la muerte a los pies del Kilimanjaro, mientras observa cómo los buitres se posan en las ramas del árbol vecino, esperando que llegue su momento final.

Su pierna se va gangrenando, al tiempo que él rememora su pasado amoroso entre efluvios de whisky y perfume femenino, intentando descifrar el enigma que le legó su tío como herencia.

La película muestra la diatriba polémica entre llevar una vida convencional o estar en continuo cambio, y nos relata las inquietudes personales de un escritor ávido de conocimiento y experiencias que se da cuenta tardíamente que sólo una mujer logró satisfacerle y, sin embargo, ella (Ava Gardner) vivió frustrada a su lado, al pensar que nunca podría llenarle del todo.


¿Se consigue resolver el enigma del leopardo?


La solución queda en el aire, pero el protagonista obtiene muchas respuestas en sus reflexiones mientras  contempla la montaña africana a lo lejos, así que, en cierto modo, puede decirse que .



Henry King, Las nieves del Kilimanjaro, EEUU, 1952.